CUENTOS DE LA SELVA

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ISBN:978-84-96806-66-5
17,00 €
Páginas: 112
Dimensiones: 24 x 31 cm
A color: No
Rústica: Si

Descripción

En los Cuentos de la Selva, hombres y animales conviven en igualdad de condiciones, como miembros de una misma sociedad. A veces se ayudan entre sí, como la tortuga que salva la vida del cazador o el hombre que salva a las rayas de los pescadores. Otras veces se alían contra otros animales, como el loro pelado y su dueño. A veces los animales se alían contra el hombre, como los yacarés y el surubí. Pero en todos los casos, los hombres aparecen como una especie animal más, y a veces ni aparecen, como en la historia de la abeja haragana. En estas historias, para conseguir sus objetivos, el hombre debe persuadir a las demás especies y actuar en conjunto con ellas, no exterminarlas. Casi exactamente un siglo después de su aparición, estos cuentos no han envejecido. Al contrario, son incluso más actuales que entonces, porque abordan un tema que se ha vuelto crucial: la ecología. En efecto, en los últimos años, las alarmas por el estado de nuestro planeta se multiplican. Figuras políticas y artísticas como Al Gore, Leonardo di Caprio o el grupo Coldplay lideran campañas para advertirnos sobre el daño que hacemos a nuestro planeta, daño que aún así, no somos capaces de frenar. La humanidad actúa como un gran pirómano que quema su casa para no tener que limpiarla. La historia del hombre es la historia de su lucha por domesticar a la naturaleza para vivir en ella.

Autor

Salto, 1878 - Buenos Aires, 1937. El uruguayo Horacio Quiroga fue uno de los cuentistas más populares de la lengua española a principios del siglo XX. Su capacidad fabuladora lo convirtió en un precursor de Julio Cortázar. Influido por Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y Guy de Maupassant, Horacio Quiroga destiló una notoria precisión de estilo, que le permitió narrar magistralmente la violencia y el horror que se esconden detrás de la aparente apacibilidad de la naturaleza. Su vida real fue tan trepidante, y en ocasiones tan fantástica, como sus narraciones. Sus aventuras –más bien desventuras- comenzaron cuando tenía dos meses de edad, con el suicidio de su padre. A pesar de las desgracias, Quiroga nunca perdió la capacidad de soñar. Combinaba el ímpetu del romanticismo con el sentido aventurero de los poetas malditos, y cuando llegó a la mayoría de edad, emprendió un viaje a París, donde esperaba triunfar en la poesía como sus admirados Rimbaud y Verlaine. Como de costumbre, la suerte le fue adversa. Después de publicar Cuentos de la Selva, Horacio Quiroga continuó su azarosa vida hasta 1937. Conoció el éxito y el fracaso y regresó a Misiones. Ahí terminó de arruinarse y su familia lo abandonó. Finalmente se le diagnosticó cáncer de próstata, y ante la perspectiva de consumirse lentamente, prefirió poner fin a su vida con un vaso de cianuro.

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